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¿QUÉ ES EL INTERÉS SUPERIOR DEL MENOR?

“¿Qué es el interés superior del menor?” Preguntó no hace mucho tiempo una compañera, a lo que otro respondió, “La excusa del Juez para fundamentar su resolución”.

Cuando hablamos de las medidas que se adoptan en relación a un menor en un procedimiento de divorcio, nos encontramos con la referencia constante al “interés superior del menor”. Los abogados invocamos este principio como argumento definitivo para solicitar una medida respecto de un menor y los jueces motivan sus sentencias haciendo referencia a este principio.

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Pero ¿qué es el interés superior del menor? ¿es un principio de naturaleza mutable?, ¿depende su interpretación de quién lo valore?

El interés superior del menor aparece identificado en la Convención Internacional del derecho del niño de 1989, como principio garantista encaminado a la protección integral de los derechos fundamentales de los niños independientemente de los patrones culturales que envuelven el entorno social del menor, lo que permite afirmar que este principio se puede aplicar de forma objetiva, pues se trata de ponderar en cada medida que se adopte respecto del menor, si la misma protege y promueve sus derechos o por el contrario los conculca. El interés superior del menor es por tanto la plena satisfacción de sus derechos fundamentales.

INTERES SUPERIOR DEL NIÑO

Para una correcta aplicación de este principio en sede Judicial, es necesario analizar en primer lugar si la medida a tomar respecto de ese menor, afecta algún derecho o por el contrario es una medida de carácter discrecional. Si de la resolución que se adopte pueden resultar afectados varios derechos, entonces el Juez deberá hacer un análisis conjunto de los derechos afectados y deberá tomar aquella medida que asegure la máxima satisfacción de los derechos que sea posible y la menor restricción de aquellos, considerando la importancia relativa de cada uno de ellos.

El interés superior del menor no deja de ser aquello que beneficia al menor en relación a sus derechos fundamentales, por lo que para su correcta invocación se debería hacer referencia a los derechos del menor que entran en juego en cada medida que se adopte. De lo contrario estas cuatro palabras solo servirían, como desgraciadamente ocurre, para legitimar discursivamente cualquier tipo de decisión que se tome respecto de un menor, perdiendo el sentido de garantía para convertirse en un argumento vacío de contenido.

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Tal vez la invocación irreflexiva de tal principio lo ha convertido en una “muletilla” que se utiliza para todo. No es extraño encontrar sentencias con pronunciamientos contrarios cuyo fundamento es el interés superior del menor, cuando de lo discutido, aun conservando su importancia respecto del niño, no resultaría afectado ninguno de sus derechos. Ejemplo sería la discusión sobre la guarda y custodia de un menor cuando ambos progenitores están plenamente capacitados para asumirla, de forma que la decisión, ponderando los beneficios a mayores que podría obtener el menor en compañía de cualquiera de los progenitores, quedaría al arbitrio de su señoría, pero en ningún caso el resultado de la resolución afectaría al interés superior del menor.

No se me ocurre mejor forma de identificar el interés superior del menor que haciendo referencia a las palabras de D. Miguel Cillero Bruñol,

            “Todo “interés superior” pasa a estar mediado por referirse estrictamente a lo “declarado derecho”; por su parte, sólo lo que es considerado derecho puede ser “interés superior” ”

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